Aprendiendo a invertir – Parte I: conceptos generales

Existen dos formas fundamentales de obtener beneficios económicos: a través del trabajo (capital humano) y a través de las inversiones financieras (capital financiero), obteniendo, de este modo, rendimientos del trabajo o rendimientos del capital, respectivamente.

Nos vamos a centrar en los rendimientos del capital mobiliario, es decir, del dinero y para ello, es necesario explicar una serie de conceptos fundamentales.

Rentabilidad

La rentabilidad relaciona el beneficio económico obtenido de una determinada inversión con los recursos utilizados para la misma. Se mide en porcentaje y se calcula dividiendo los beneficios entre el capital invertido. Puede suceder que el resultado sea negativo, en cuyo caso se obtienen pérdidas.

Riesgo

El riesgo es la probabilidad de que una inversión que hemos realizado obtenga unos resultados negativos o adversos que provoquen una posible pérdida de la inversión realizada.

Riesgo vs Rentabilidad

Ambos conceptos son directamente proporcionales, es decir, que a mayor rentabilidad mayor riesgo y viceversa.

                  ↑Mayor rentabilidad = ↑Mayor riesgo

                  ↓Menor rentabilidad = ↓Menor riesgo

Inversiones a corto y largo plazo

Las inversiones a corto plazo son aquellas en las que invertimos un capital durante un período de tiempo no superior a dos años (incluso pueden considerarse hasta de tres años). Así pues, las inversiones que tienen una duración por encima de los tres años, sin que haya necesariamente un límite superior, son inversiones a largo plazo. Existen inversiones con carácter permanente como las participaciones preferentes.

Mercado financiero

Es el espacio (no necesariamente físico) en el que se realizan intercambios financieros, es decir, donde se negocia, se venden y se compran todo tipo de instrumentos financieros (acciones, bonos, participaciones, deuda, etc.). Los mercados financieros se dividen en mercados primarios y secundarios.

Mercado Primario y Secundario

El mercado primario o mercado emisor es en el que se generan y transmiten los valores financieros por primera vez. En los mercados secundarios se negocia la reventa de los productos financieros ya creados y colocados en el mercado primario. Se rigen fundamentalmente por la ley de la oferta y la demanda.

Colocación directa e indirecta

Cuando no existen intermediarios en la venta de los instrumentos financieros, es decir, que el inversor obtiene directamente los valores negociados, se dice que es de colocación directa y cuando se utilizan intermediarios, como bancos o grupos inversores, se habla de colocación indirecta.

MiFID

Es la Directiva sobre Mercados de Instrumentos Financieros cuyo objetivo es asegurar y mejorar el nivel de protección del inversor y garantizar el correcto funcionamiento de los mercados para que sean más ágiles, eficaces y competitivos.

Test de conveniencia o de idoneidad MiFID

Los clientes que desean contratar productos MiFID mediante colocación indirecta deben rellenar previamente un test de conveniencia o de idoneidad según el cual se verifica si la persona en cuestión está capacitada para comprender los términos y condiciones del producto. El asesoramiento por parte de la entidad inversora es fundamental para adaptar los productos de inversión más adecuados a las características de cada cliente. De este modo, una persona que contrate, por ejemplo, subordinadas, ha superado previamente el test de conveniencia y por tanto comprende y asume el riesgo de la operación. Aún así, cualquier persona puede contratar productos de mayor complejidad, pero siempre bajo su responsabilidad.

Tipos de Productos según la MiFID

Productos no MiFID: cuentas corrientes, plazos fijos, planes de pensiones, seguros de ahorro, etc.

Productos MiFID no complejos: acciones y valores negociables, cédulas hipotecarias, fondos de inversión, instrumentos del mercado monetario, sociedades de inversión, etc.

Productos MiFID complejos: subordinadas, participaciones preferentes, derivados, fondos de inversión libre, seguros de cambio, etc.

Los productos MiFID requieren de un conocimiento más elevado de los mecanismos que van a regular la inversión y, por supuesto, de los riesgo de dichas operaciones, ya que son más elevados.

Perfiles de riesgo

Muy Conservador: inversores que no desean arriesgar el capital invertido y prefieren obtener una rentabilidad baja pero segura.

Conservador: inversores que asumen un nivel de riesgo medio/bajo para obtener rendimientos con una mayor rentabilidad a medio y largo plazo.

Moderado: inversores que están dispuestos a asumir un riesgo considerable  a cambio de la posibilidad de obtener unos rendimiento crecientes a medio y largo plazo.

Dinámico: inversores cuyo principal objetivo es la obtención de grandes índices de rentabilidad asumiendo para ello niveles de riesgo elevados.

Tipo de interés nominal (TIN)

Es el porcentaje, en concepto de intereses, que se aplica sobre el valor nominal de la inversión y que lo incrementa en el momento de la devolución.

Por ejemplo, un depósito de 1.000 euros en un plazo de 1 año al 4% TIN nos daría como resultado al final del período 1.040 euros.

Tasa anual equivalente (TAE)

Es una referencia que incluye el tipo de interés nominal, los gastos y comisiones y los plazos de la operación. Su cálculo es un poco más complejo y utiliza la siguiente fórmula:

            TAE = (1 + r/f)f – 1

Siendo r el tipo de interés nominal y f el número de periodos.

Existe por tanto una ligera diferencia entre el TIN y el TAE.

Interés fijo y variable

El tipo de interés de una inversión puede ser fijo o variable, según permanezca estable a lo largo de la vida de la inversión o fluctúe atendiendo a diferentes criterios que, a su vez, podrán estar establecidos previamente (un plazo con intereses crecientes) o depender de factores externos como los mercados de valores (las cotizaciones en bolsa).

Inversiones de Capital Garantizado

Las entidades financieras ofertan gran número de productos asegurando el capital invertido, con lo que el inversor sabe que podrá obtener beneficios o recibir el mismo capital que invirtió, pero nunca tener pérdidas. El coste de estas posibles pérdidas es asumido íntegramente por la entidad.

Impuestos sobre las rentas obtenidas

En la declaración de la renta se deben reflejar los rendimientos que hemos percibido durante el año como consecuencia de las inversiones de capital que hemos realizado.

Determinadas inversiones como los planes de pensiones poseen una fiscalidad diferente ya que, por ejemplo, éstas sólo tributarán en el momento del reembolso.