Aprendiendo a invertir – Parte II: los depósitos

Una de las maneras más sencillas y conocidas de invertir los capitales ahorrados es a través de los depósitos, operaciones financieras catalogadas como productos no MiFID. Recordemos que este tipo de productos no requiere del inversor un conocimiento específico de los procesos reguladores de los mercados financieros. Además, poseen un riesgo bajo y en ocasiones una rentabilidad aceptable, siempre desde un punto de vista conservador.

Dentro de este grupo, los depósitos, vamos a destacar y explicar los siguientes productos: depósitos a la vista, a plazo fijo, con rentabilidad variable y cuentas especiales.

Depósitos a la vista

Se trata de las cuentas de ahorro clásicas conocidas por todos, donde el dinero está totalmente disponible en cualquier momento, es decir, que cuentan con una liquidez inmediata, y que generan unos intereses a favor del depositante durante un período de tiempo determinado según las características concretas de cada entidad.

El carácter de disponibilidad absoluta hace que sea un producto con una rentabilidad muy baja (en algunos casos puede llegar a ser prácticamente nula), ya que el riesgo para el depositante es inexistente y no conlleva ninguna obligación de permanencia. Por el contrario, es muy común que existan comisiones por la gestión y mantenimiento de la cuenta, derivados de los servicios asociados y disponibles, tales como transferencias, emisión y remesas de talonarios, domiciliaciones de recibos, tarjetas de débito y crédito, etc.

Nota1: Hoy en día, este producto no es visto como un depósito, ni siquiera por las propias entidades financieras, y sí como un medio de gestión de transacciones financieras, llegando a funcionar igual que las cuentas corrientes, por lo que no es lo más adecuado para invertir ni para obtener rendimientos.

Depósitos a plazo fijo

Responden a las clásicas Imposiciones a Plazo Fijo (IPF). Consisten en depositar una cantidad de dinero en una entidad financiera durante un período de tiempo determinado a cambio del percibimiento de unos intereses previamente fijados.

El plazo de tiempo puede ser muy diverso, desde IPF a corto plazo (6 meses o 1 año) hasta IPF a largo plazo (3, 4, 5 años o incluso 10 años). Durante este período el inversor se compromete a que el capital invertido permanezca inmovilizado, con lo que la liquidez y disponibilidad de los fondos queda limitada. Existe la posibilidad de cancelación anticipada pero lo normal es que en estos casos las entidades apliquen una comisión por cancelación, lo que hace que no sea una práctica habitual.

Los intereses generados dependerán de la cantidad invertida y de la duración del plazo. Digamos que, dentro de unos límites, se negocia la cantidad, el período y el interés, que será fijo durante la vida del depósito. Lógicamente, en esta negociación con la entidad, a mayor capital y duración, podremos obtener un mayor tipo de interés.

Los rendimientos pueden ser abonados de diversas maneras, con carácter mensual, trimestral, semestral, anual o al vencimiento. Conviene señalar que habrá que tener en cuenta para el cálculo de los rendimientos la diferencia entre el tipo nominal y el TAE, así como las retenciones de IRPF, que se aplicaran en el momento en el que se perciban los réditos.

Este producto posee un riesgo muy bajo y por ello la rentabilidad no es muy elevada. Está indicado para inversores con perfil conservador.

Nota2: El Fondo de Garantía de Depósitos de Entidades de Crédito tiene por objeto garantizar los depósitos en dinero y en valores u otros instrumentos financieros constituidos en las entidades de crédito, con el límite de 100.000 euros para los depósitos en dinero.

Nota3: Actualmente, los tipos de interés están controlados y fijados por el Banco de España, siendo su mandato el de prohibir que se oferten plazos con retribuciones superiores a un punto por encima del tipo de interés fijado por el Banco Central Europeo. En estos momentos hablaríamos de un 1,75% anual.

Depósitos a plazo con rendimiento variable

Este tipo de depósitos solamente se diferencia del anterior en que el rendimiento no está fijado previamente, sino que suele estar vinculado a la evolución de un índice concreto, de una cesta de acciones, etc. De este modo, su rentabilidad no está asegurada, siendo este riesgo el que hace que la posible rentabilidad sea más elevada que en los IPF convencionales.

Aunque sigue siendo un producto de riesgo bajo, ya que los capitales suelen estar garantizados, se pueden alcanzar rentabilidades interesantes dentro del perfil de inversión conservador.

Nota4: Dada la reciente limitación de los tipos de interés para las IPF, los depósitos con rendimientos variables pueden ser una opción a tener en cuenta para obtener mayores rendimientos a largo plazo, y repetimos, desde un punto de vista conservador.

Nota5: Existen productos que combinan los plazos fijos con los rendimiento variables llamados depósitos mixtos, los cuales disponen una parte de la inversión a un tipo de interés fijo y otra parte la condicionan a un determinado índice variable.

Cuentas especiales

Cada vez es más corriente ver a las entidades financieras ofertando cuentas de ahorro con beneficios de todo tipo. Nos referimos a las cuentas vivienda, cuentas de ahorro para empresas, cuentas agrarias, cuentas a la vista remuneras, etc.

Este tipo de productos ofrecen desde intereses superiores a los de una cuenta de ahorro ordinaria hasta ventajas fiscales promovidas por el propio Gobierno (caso de las cuentas de ahorro vivienda). Eso sí, hay que tener en cuenta que para beneficiarse de este producto hay que cumplir una serie de requisitos que nos explicarán en cada caso concreto (sería muy largo y tedioso detallarlos aquí).