Educación o voto cualificado

Una persona incapaz de entender su Declaración de la Renta (no vamos a decir hacerla) no es una persona que pueda tener un juicio realista y objetivo sobre los aspectos económicos de un país, más aún cuando vivimos en una sociedad de globalización donde el pequeño aleteo de una mariposa puede desatar un huracán devastador al otro lado del mundo. Por tanto, no se debería descargar la responsabilidad de tomar decisiones de calado económico sobre esas personas.

La economía es el motor del mundo en el que vivimos. Esto no se le escapa a nadie. Que la mayor parte de la sociedad sea incapaz de comprender los factores micro y macro económicos de nuestra economía tampoco es algo para rasgarse las vestiduras. Baste como ejemplo que hasta la crisis de 2008 casi nadie sabía ni entendía lo que era la Prima de riesgo (aún a día de hoy tampoco habrá mucha gente que sepa explicarlo correctamente). Fue durante esos años y fruto de la insistente inclusión en los medios de comunicación, cuando muchas personas descubrieron y entendieron cómo funcionaba aquello de la globalización que tanto habían escuchado sin prestarle demasiada atención.

Esta ignorancia económica debería ser absolutamente intolerable en cualquier sociedad.

Y cuando el elenco político conoce esta realidad se aprovecha de ella a base de promesas, tales como subidas salariales, incremento de las pensiones, ayudas a desempleados, bajada de impuestos, rentas básicas, etc., que lo único que tienen de verdad es el interés por sentarse en el trono del gobierno, lo cual puede considerarse como legítimo, pues es el fin del político querer gobernar, pero por otro lado, inmoral y falto de ética en cuanto al modo de querer conseguirlo. El fin, en este caso, nunca debería justificar los medios.

Esas personas que mencionábamos al principio, guían su voto en función de falsas promesas y campañas electorales llenas de medias verdades, por no decir directamente, de mentiras. Son personas que sin darse cuenta han dejado que en su mente se siembre una idea que al germinar se convierte en la errónea convicción de que sus vidas van a mejorar con cierto partido y a empeorar con el contrario. Son personas incapaces de calcular las consecuencias de hacer realidad esas medidas económicas que tantos beneficios les van reportar porque si lo hicieran, se darían cuenta del engaño.

Engañar es hacer creer a una persona algo que no es cierto. Para que tenga efecto debe darse un condicionante necesario, que la persona burlada tenga un menor conocimiento que el estafador.

Y tras esta breve reflexión, hay quien optaría por suprimir el sistema de sufragio universal y buscar otras alternativas como, por ejemplo, el voto cualificado. Actualmente sería una propuesta políticamente incorrecta y, por mucha lógica y justificación que pudiera avalarlo, sería visto como una medida antidemocrática y dictatorial.

La otra alternativa, pasa por las aulas. Una reforma del currículum educativo que incluya de manera continuada en todas las etapas obligatorias, asignaturas de economía con un peso significativo en la evaluación final.

Solo la educación puede evitar y eliminar el engaño.

Siempre que interese, claro está.